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viernes, 10 de agosto de 2012

Charla: Los accidentes no son casuales


Cuando hay un accidente (ya sea la muerte de un hombre o que la señora rompe un plato) siempre alguien pregunta: “¿cómo sucedió?”
La respuesta será invariablemente la misma: no fue casual. Alguien o varias personas causaron el accidente.

Los accidentes no son casuales. Siempre son causados, y la causa es casi siempre que alguna persona o personas fallaron en su tarea en alguna parte. Supongamos que usted se cae en las escaleras de su propia casa y se rompe una pierna. Esto no es una casualidad. No había ningún diablito esperándola allí para hacerle una mala jugada. Algo lo hizo caer y ese algo fue el resultado de la acción de alguna persona o la falta de alguna persona en actuar cuando debía haberlo hecho.

Lo probable es que la caída se deba a su propia falta. Tal vez usted tenía prisa y bajó las escaleras más rápido de lo que debía. Tal vez se había tomado algunas cervezas. Tal vez trato de llevar un bulto voluminoso que le hizo perder el equilibrio. Tal vez su vista es defectuosa y no se preocupó por ponerse anteojos.

Pero tal vez alguien hizo algo para causar el accidente. Es posible que uno de los niños olvidara sus patines o la señora dejara un balde. Tal vez la alfombra estuviese rota o enrollada o estaba oscuro y usted no se molestó en encender la luz.

O probablemente usted hubiese empezado a subir cuando alguien bajaba a toda velocidad y el choque lo hubiera hecho perder el equilibrio. Puede ser también que las escaleras se hubiesen desplomado por estar mal construidas. Y tantas cosas.

Pero en realidad, si usted se cayó y se quebró una pierna, lo más probable es que esto sea una combinación de varias de estas cosas. Es posible que usted hubiera estado de prisa, no viera el patín olvidado por el niño y al agacharse a la baranda rota esta cedió y le hubiera permitido caerse.
Esto es igualmente cierto de los accidentes en el trabajo. Todo accidente es causado por alguien y muchos de los accidentes son causados por combinación de fallas humanas.

Voy a dar un ejemplo de lo que ocurre con un fuego, aunque pudiera aducir igualmente buenos ejemplos en la operación de maquinarias, manejo de materiales, uso de escaleras, o cualquier otra situación de trabajo. Suponiendo que dejamos caer un fósforo prendido al piso, si el piso está limpio de elementos combustibles, no pasará nada, pero si estuviera con elementos combustibles, la realidad sería otra.
De manera que si un fuego comienza, ¿qué lo ha causado? La persona que descuidadamente tiró el fósforo encendido o fueron las personas que dejaron el material combustible tirado por ahí en lugar de limpiarlo. La respuesta por supuesto es que ambas partes causaron el fuego. Fue una combinación de causas.
De esta manera ocurren la mayoría de los accidentes. Sabemos que se pueden violar las reglas de seguridad muchas veces sin que se causen accidentes. Pero cuando se viola una situación en la cual concurren las otras partes de la combinación, todo está listo, esperando convertir ese acto suyo en un desastre.
La cosa es simple. No todo acto peligroso produce un accidente. Pero ningún accidente se produce a menos que se halla cometido uno o varios actos peligrosos.

Algunas veces nos engañamos pensando: “bueno… todo está bien, de tal manera debo dejar la precaución a un lado sin que se produzca un accidente”.
Este modo de pensar es justamente lo que produce todas las fatalidades de que oímos            hablar. Por ejemplo, una persona cree que un revolver que no tiene balas y piensa que se pueda violar las reglas de seguridad. Puede apuntar el revólver a un amigo y apretar el gatillo, por naturalmente un revólver descargado no ha matado a nadie. Pero en algún momento que se equivoque con respecto a la carga, es entonces cuando hay que recordar la frase que dice “nunca apuntes con un revólver a cualquier cosa que no quieras matar”.

En su trabajo diario, usted sabe la forma correcta de desempeñar su oficio. Recuerden, pues, que si ustedes lo hacen siempre así, nunca serán las personas que causen un accidente.
Tomado de CUCHE CORP

jueves, 12 de abril de 2012

Charla: ¿Pueden los problemas emocionales afectar nuestro desempeño?


Pudiéramos decir sin ninguna exageración que la mayor parte de las personas que estamos aquí gozamos de buena salud, tanto física como mentalmente, que somos bastantes buenos trabajadores y cumplimos lo mejor posible con nuestras responsabilidades, y que nos esforzamos por respetar las normas que nos exigen nuestros superiores. Además, nunca hemos tenido un accidente grave… pero, ¡alto!, todo eso puede cambiar en un momento.
En cuestión de unas pocas horas, una persona que ha sido considerada como muy prudente toda su vida, puede transformarse en propensa a un accidente, que quizá lo lleve al hospital…, o a algún otro sitio peor todavía.
Generalmente pensamos que una persona propensa a los accidentes es una persona rebelde, con una vida familiar infeliz, con un historial de trabajo malo y una tendencia a beber de más y muy a menudo. En cierta forma eso es verdad, la mayoría de las veces. Hay estudios que han demostrado que la gente con problemas psicológicos permanentes, a menudo sufren muchos más accidentes que la población en general. Sin embargo, no debemos olvidar que en muchas ocasiones también las personas consideradas ‘normales’, que gozan de buena salud y que son muy juiciosas, pueden por alguna razón transformarse temporalmente en ‘propensas a los accidentes’.
El otro día, preparando esta charla, me encontré en un libro con una información curiosa. Se decía en el mismo que hace muchos años un doctor estudió 35 000 accidentes durante 18 años, para llegar a la siguiente conclusión (les voy a indicar textualmente lo que dijo): “En el curso de una vida casi cualquier individuo normal que se encuentre bajo un conflicto o presión emocional puede convertirse temporalmente en propenso a los accidentes y sufrir una lesión”. En otras palabras, las posibilidades de tener un accidente aumentan cuando uno no se siente bien, cuando se está fatigado debido a trabajar horas extras, y después de que se han tomado algunos tragos, sobre todo.
Los problemas personales pueden ser, por lo tanto, la causa de un accidente. Ejemplos: un estudiante puede estar preocupado por las malas calificaciones; una mujer soltera puede tener el temor de estar embarazada; un hombre puede estar tramitando su divorcio; los problemas financieros pueden estar presionando a alguien; un hijo puede estar en el hospital con una enfermedad grave muy larga;…
Durante esos períodos de preocupación que hemos mencionado, es muy fácil olvidarse de la seguridad. La mente en esos casos se encuentra en otras cosas. Entonces es cuando la irritación aumenta y la paciencia disminuye. Y si en ese momento de intensa preocupación nos encontramos cruzando una luz roja, tras haber acelerado furiosamente sin inspeccionar bien la intersección que vamos a cruzar…; o, en otra situación diferente, se está sacando un resguardo y se coloca la mano en la parte en movimiento sin proteger,…
Hay muchas personas que se han dedicado a estudiar los problemas emocionales y sus consecuencias. Un sicólogo en una ocasión llegó a la conclusión de que se tenían más accidentes durante los seis meses anteriores y posteriores a un divorcio. Otro descubrió en otra ocasión que la quinta parte de los conductores suelen tener problemas serios, personales, aproximadamente seis horas antes de un accidente.
Pero no solamente las preocupaciones son las que llevan a los accidentes. Una situación muy feliz y deseable también puede hacernos olvidar ciertas preocupaciones elementales: la proximidad del matrimonio, el nacimiento de un hijo, un logro sobresaliente, una reconciliación matrimonial, una relación amorosa inesperada,… Prácticamente cualquier cosa puede hacernos bajar la guardia y exponernos a sufrir un accidente.
¿Cómo es posible vivir sin tener problemas? Yo no lo sé, ni nadie lo sabe. En vista de eso, lo importante es saber cómo hacer frente a los problemas y no permitir que nos controlen. Y para esto si que hay soluciones. En lo que queda de esta charla vamos a mencionar alguna de ellas.
Dicen los expertos que una de las mejores formas de liberarnos de las emociones destructivas es hablando de ellas. Esto es tan efectivo aquí, en nuestro trabajo, como en nuestro hogar. No hay que permitir que el enojo se nos acumule. Hay que buscar a una persona en quien tengamos confianza y hablarle de lo que nos está sucediendo. Si algún día, por ejemplo, tienen un problema emocional aquí en la planta que les impide trabajar con seguridad, háganlo saber de inmediato. Les prometo hacer lo posible para que puedan sobreponerse a la situación que les molesta o preocupa.
Para terminar, quiero mencionar un estudio que hizo en una ocasión un psiquiatra. El estudio estuvo basado en dos grupos de trabajadores en un almacén muy grande. Uno de los grupos estaba formado por individuos que habían sufrido por lo menos cuatro accidentes en los cinco años anteriores. El segundo grupo incluía personas que no habían sufrido accidentes en ese mismo periodo. El estudio reveló una gran diferencia entre los dos grupos y la forma en que resolvían los problemas cuando estaban enojados. Los trabajadores que habían tenido varios accidentes no manifestaban su enojo, sino que lo acumulaban. Y los que no habían tenido accidente podían ventilar su enojo cuando era necesario.
Nadie está libre de poder sufrir problemas emocionales, pero todos podemos hacer algo para sobreponernos a ellos y evitar que nos creen una situación peligrosa.

Fuente externa